Tratamiento psicológico de la hipocondría y la ansiedad generalizada

Manual de tratamiento del trastorno de ansiedad por enfermedad

Un hipocondríaco es alguien que vive con el temor de tener una enfermedad grave pero no diagnosticada, aunque las pruebas de diagnóstico demuestren que no le pasa nada. Los hipocondríacos experimentan una ansiedad extrema por las respuestas corporales que la mayoría de la gente da por sentadas. Por ejemplo, pueden estar convencidos de que algo tan simple como un estornudo es la señal de que tienen una horrible enfermedad.

La hipocondría es un trastorno mental. Suele comenzar en los primeros años de la vida adulta y puede aparecer después de que la persona o alguien que conoce haya pasado por una enfermedad o después de haber perdido a alguien por una afección médica grave. Aproximadamente dos tercios de los hipocondríacos tienen un trastorno psiquiátrico coexistente, como el trastorno de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o la depresión mayor. Los síntomas de la hipocondría pueden variar, dependiendo de factores como el estrés, la edad y si la persona ya es extremadamente preocupada.

La ansiedad por la salud puede tener sus propios síntomas, ya que es posible que la persona tenga dolores de estómago, mareos o dolores como resultado de su ansiedad abrumadora. De hecho, la ansiedad por la enfermedad puede apoderarse de la vida de un hipocondríaco hasta el punto de que preocuparse y vivir con miedo es tan estresante que la persona puede llegar a debilitarse.

Medicación para el tratamiento de la hipocondría

La hipocondría es una condición en la que una persona está excesivamente preocupada por padecer una enfermedad grave. El significado de la hipocondría, un concepto antiguo, ha cambiado repetidamente[1]. Se ha afirmado que esta condición debilitante es el resultado de una percepción inexacta del estado del cuerpo o de la mente a pesar de la ausencia de un diagnóstico médico real[2]. Un individuo con hipocondría se conoce como hipocondríaco. Los hipocondríacos se alarman indebidamente ante cualquier síntoma físico o psicológico que detecten, por muy leve que sea, y están convencidos de que tienen o están a punto de ser diagnosticados de una enfermedad grave[3].

A menudo, la hipocondría persiste incluso después de que el médico haya evaluado a la persona y le haya asegurado que su preocupación por los síntomas no tiene una base médica subyacente o, si existe una enfermedad médica, su preocupación es muy superior a la que corresponde al nivel de la enfermedad. También se denomina hipocondría al acto de estar en un estado hipocondríaco, hipocondría aguda[4] Muchos hipocondríacos se centran en un síntoma concreto como catalizador de su preocupación, como los problemas gastrointestinales, las palpitaciones o la fatiga muscular. Para poder diagnosticar la hipocondría, los síntomas deben haberse experimentado durante al menos 6 meses[5].

Cbt para la hipocondría

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) y el trastorno de pánico (TP) se encuentran entre los trastornos mentales más comunes en los Estados Unidos y son encontrados a menudo por los médicos de atención primaria. El sello distintivo del TAG es la preocupación excesiva y fuera de control, y el TP se caracteriza por ataques de pánico recurrentes e inesperados. Ambas afecciones pueden afectar negativamente a la calidad de vida del paciente y alterar importantes actividades de la vida diaria. Las tasas de diagnósticos perdidos y de diagnósticos erróneos del TAG y la EP son elevadas, y los síntomas a menudo se atribuyen a causas físicas.

Este artículo revisa el diagnóstico y el tratamiento del TAG y la EP en adultos. El diagnóstico y el cuidado de los niños y adolescentes con estas condiciones requieren consideraciones especiales que están fuera del alcance de esta revisión.

Recomendación clínicaCalificación de la evidenciaReferenciasLa actividad física es un tratamiento rentable para el TAG y la EP.B16, 17 Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina se consideran el tratamiento de primera línea para el TAG y la EP.B19, 20, 22 Para evitar recaídas, la medicación debe continuarse durante 12 meses después de la mejora de los síntomas antes de reducirla.C11 Cuando se utilizan en combinación con antidepresivos, las benzodiacepinas pueden acelerar la recuperación de los síntomas relacionados con la ansiedad pero no mejoran los resultados a largo plazo. Dado que las benzodiacepinas se asocian a la tolerancia, sólo deben utilizarse a corto plazo durante las crisis.B11, 28-30 La psicoterapia puede ser tan eficaz como la medicación para el TAG y el EP. La terapia cognitivo-conductual tiene el mejor nivel de evidencia.A11, 37 El éxito del tratamiento requiere adaptar las opciones a los individuos y a menudo puede incluir una combinación de modalidades.C11, 37, 42

Terapia de exposición para el trastorno de ansiedad por enfermedad

La preocupación es una respuesta eficaz a corto plazo ante la incertidumbre que puede autoperpetuarse con consecuencias adversas a largo plazo. La preocupación reduce la incertidumbre subjetiva, contribuye a una sensación de vigilancia y preparación, amortigua la excitación autonómica y alimenta la creencia de que los sucesos inciertos y el riesgo general pueden controlarse.1 Cuando este alivio se une a la probable no ocurrencia de sucesos temidos de baja probabilidad, puede reforzar poderosamente la respuesta de preocupación, dando forma a la creencia de que la preocupación es adaptativa y que, de alguna manera, evita que sucedan cosas malas. La preocupación también es una forma de supresión emocional y de evitación cognitiva que se autoperpetúa, en parte porque bloquea otras emociones como el miedo o la ira. El paciente con preocupación excesiva suele mostrar una constelación de creencias y hábitos desadaptativos relacionados con la preocupación (Tabla 1).

Intolerancia a la incertidumbre: “Si pienso lo suficiente en esto, debería tener una sensación de certeza”; “Intolerancia al malestar: “Si puedo pensar en esto, no tendré que sentirme así”; “Sentido de culpabilidad exagerado: “Si ocurren cosas malas, es mi culpa”; “Evaluaciones de riesgo/razonamiento emocional distorsionados: “Si parece probable, es probable. Si parece peligroso, es peligroso”. Perfeccionismo sobre los errores: “Los errores significan que he metido la pata porque no tenía el control”. Pesimismo/supuesta incapacidad: “Me van a pasar cosas malas y no voy a ser capaz de afrontarlas”. Virtud mal interpretada: “La preocupación demuestra lo mucho que me importan mis hijos”. Sobrevaloración del proceso de pensamiento: “Como tengo un pensamiento, es importante y debo prestarle toda mi atención”. Creencias mágicas implícitas sobre la preocupación: “La preocupación evita que ocurran cosas malas. Evita que me den gato por liebre. La preocupación evita que ocurran cosas malas, evita que me sorprendan y mantiene a mis seres queridos a salvo”. Me estoy poniendo enfermo. Tengo que dejar de preocuparme”.